Desde el siglo XX las obras de arte han tenido especiales dificultades para comunicar con el público.
A cada nuevo movimiento artístico, los artistas tenían que explicarse(“yo soy
antiartista”, “yo creo
con el inconsciente”, “yo pinto
música (¿)) porque si no la gente no se enteraba de nada. Se habían saltado algún paso y el público no sabía qué pensar.
Courbet
no se tenía que explicar pero le pasaban otras cosas, seguro.
Lo que sucede es que si le preguntan a un artista "de qué va" y contesta, “yo pinto lo que veo en el
súper”, pues poco más hay que decir. Me refiero a que la conversación ya no puede ir por el mismo camino que con los primeros artistas porque ahora todo es concreto(yo
pinto tebeos).
La mayoría de los artistas más influyentes de hoy día se han criado después del pop y la música ha marcado su cultura. Hablo de la cultura musical, cuando era una industria floreciente y muchas estrellas ganaban fortunas y se vendían millones de discos.
Me llama la atención que a muchos de ellos se les achaca precisamente eso, comportarse como estrellas del rock (fíjense que el pop ha hecho algo parecido pero
en sentido contrario).
Y me pregunto, cómo es posible que a un artista se le trate como rockero.
Lo primero, la vida privada aparece en la obra de los artistas.

Antonio López como estrella del rock
Por poner varios ejemplos, Damien Hirst tiene una calavera de diamantes que tituló
con una frase de su madre.
Jeff Koons se casó con Cicciolina y tuvieron un hijo. Matthew Barney está casado
con Bjork. Jake y Dinos Chapman
son hermanos (como ya
habrán supuesto).
Por otra parte, también los hay que no incluyen ningún elemento familiar pero intentan despertar los sentidos aportando sensaciones reales. Ya sea con luces, temas, tamaños, materiales, soportes, …
Y lo que despiertan estas obras no se puede explicar, hay que ir a verlas y aún así es difícil.
Por ejemplo, Cattelan siempre
trabaja en función de que su obra sea exhibida y hace chistes con la realidad. Eliasson maneja de forma artificial
efectos sacados de la naturaleza.
Pero Hirst también, utiliza diamantes de verdad para
su calavera, los Chapman pintaron
encima de grabados originales de Goya, y a Barney le dejaron
el Guggenheim de Nueva York entero para grabar sus vídeos.
Parece que lo importante es que el público vaya a verlo y que se pueda hablar de tí por algo normal,
sin profundidades.
A estas alturas el arte debería ser algo más normal en nuestra
vida diaria.